SAMUEL RODRIGUEZ

"Cuentan que Ulises, harto de prodigios, lloró de amor al divisar su Itaca verde y humilde. El arte es esa Itaca de verde eternidad, no de prodigios. " Borges.

Category: Arte y música

En algún lugar de tu cuerpo.

 

En algún lugar de la noche un cuerpo de mujer me espera.

Me asecha en las calles de la ciudad,

aparece entre la hierba,

en alguna esquina.

 

Cuerpo de mujer,

laberinto que arde en sus propias paredes,

isla extraña a donde el mar no llega,

ave pasajera que vuela boca arriba,

fuego encendido por el aliento de la muerte la noche primera,

fin de este día,

agua dulce para la sed de la memoria.

 

Esta noche la ciudad intenta un suicido,

las estrellas tiemblan en silencio,

el rumor del río llora bajo los puentes.

Es entonces cuando aparece tu cuerpo.

Mis ojos heridos por el misterio que te nombra rompen la tiniebla sólo para verte,

para deletrearte como un ciego deletrea la hora de su muerte.

 

Tu cuerpo navega entre las horas como una barca en libertad.

 

Es tan amplio el mar pero cabe en tus ojos.

La  ciudad te piensa y se desarma.

El día se levanta, la noche se abre.

 

En algún lugar de tu cuerpo la noche me espera.

En la nostalgia de ti,

la noche me desea.

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Diego de Velázquez.

Diego de Velázquez tenía un trabajo jodidisimo, tenia que hacer ver bien a toda la mierda esa de la Monarquia Española de la época, además de retratar a Papas, cortesanos, duques, condes, y todos esos cerdos enfermos de poder.

Los gobernantes viven del vicio de la imagen, sus inseguridades las paga el dinero público, el afán de poder hace que la infamia de su rostro se desborde sobre el mundo en una marea inmunda que invade todos los rincones de la vida diaria.

Velázquez sin embargo, bucea en la realidad de su època y logra rescatar la belleza épica y poética de la gente de calle. Sus retratos de bufones, enanos, borrachos y caminantes lo sitúan en un lugar de privilegio en el imaginario artístico; Velázquez ensancha el mundo, lo aumenta espiritualmente en una larga reflexión sobre la belleza del rostro humano sin precedentes por sus registros pictóricos y por sus alcances poéticos.

En contraposición a otros pintores de la época como por ejemplo Murillo, Velázquez no idealiza a su modelo, lo deja acontecer desde su propia humanidad dotándolo de un impulso luminoso que suavemente roza los cuerpos para hacer a sus modelos participes del mundo y dignos del arte, en una especie de pre impresionismo metafisico delirante y verdadero.

Los gobernantes tienen que gastarse 34 mil millones de pesos para generar simpatías, mismas que nunca consiguen, la mierda donde quiera es mierda; Velázquez exploraba las calles y hacia visible a dignidad del mundo, la relanzaba hasta el infinito, hasta el sitio donde la mirada despierta.

Si tú, lector, respondes con mayor prestancia a los estímulos del poder a través de los medios y no te conmueve el rostro del bufón Calabacillas, si te conmueve más la visita del Papa que apreciar la dignidad de la mujer friendo huevos, preocupante, te jodieron la educación y la sensibilidad.

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Goya.

Si bien, sus pinturas negras se consideran fantásticas, es notorio que La Romeria de San Isidro tiene más verdad en su tinta que La Pradera de San Isidro.

En la Romería, aparece la profundidad insondable de la miseria y la locura humana, una locura que nos pronuncia, que nos desnuda en una tensión macabra y veraz a un tiempo. Esos rostros nos describen, capturan nuestras angustias, nuestras incertidumbres, amplifican el dolor efervescente que atraviesa las edades como un rayo negro. La obra deja entrever que las ficciones religiosas tienen una parte febril, que hace emerger la desmesura; así la religión es superada por los instintos que arrollan el instante en un juego tenebroso. Goya nos revela nuestra propia humanidad en un movimiento lacerantemente y vivo, orgánico e inmortal, imposible y presente; su pintura es de una hondura inexplicable en la que extrañamente nos reconocemos.

Las obras se llevan veinte años de diferencia. La primera es parte de la historia relevante de la pintura, la segunda es eterna.

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En busca de Mario Benedetti III. ( final)

El sabor del alcohol ardía en mi lengua, me envenenaba. Ese amanecer nocturno que se abría en el horizonte era una navaja afilada que rasgaba mi garganta como la de aquel prisionero en ese cuento de Borges en el que los cautivos corrían su última carrera con un tajo mortal en el cuello. Montevideo se cerraba como un aguacero interminable, pronto tendría que partir y regresar a Buenos Aires y perder para siempre la sombra de Benedetti.

Deambulé por el amanecer, mis pies doloridos se deslizaban tristemente sobre la nada igual que un moribundo que pisoteara las últimas flores de la tierra. La ciudad  despertaba, un lento bostezo de sangre subía desde Las Ramblas, inundaba los colores del día, me ahogaba en una marea iridiscente y terrible a un tiempo. De pronto me di cuenta que estaba solo,  que no conocía a nadie ni nadie me conocía, que estaba en la ciudad sin futuro, acorralado por el mar y por un vasto continente, preso de las voces de un poeta moribundo que estaba en una lejanía inalcanzable a pesar de su inminente cercanía sideral.  Caminé desolado, deshabitado de mi mismo, envuelto en una tristeza profunda y sin sentido.  Me detuve en la peatonal Sarandí,  el día se enarbolaba en el cielo sudamericano como si fuera el instante antes del fin del mundo.

Un vendedor de libros viejos se instalaba anacrónicamente en la calle, parecía inmortal. Era un oráculo imposible que se hacia poco reconocible a las miradas impacientes, estaba ahí,  reventando el silencio de la mañana. Me acerqué derrotado, tome un libro cualquiera, lo acaricié como a una pequeña niña indefensa que buscara en mi mirada a un padre ausente.

Vos sos escritor, me dijo una voz muy parecida a un arroyo nuevo. Me sorprendí que la voz provenía de un hombre bastante mayor que estaba  a un lado mío y que yo en principio no había notado. Recuerdo que su rostro era un camino de veredas abiertas que se congregaban en torno a unos ojos tan vivos que parecían eternos. Si, escribo cuando se puede, contesté sorprendido. Lo supe por la forma en que tomás el libro; esas cosas se notan, me dijo.

¿Qué hacés en Montevideo?, me preguntó con curiosidad sincera.  Sos extranjero, ¿no?,  ¿Colombiano?  Un poco mas arriba: México, le respondí amablemente. México, México, un país que duele. ¿Vos sabés que ahí tienen un genio? Rufino Tamayo, no ese Diego, ni esa Frida, Tamayo es el genio. En ese momento supe que seríamos amigos.

Dante Ferrer Saravia, no olvidaré ese nombre. Me tomó del brazo como un padre; caminamos un poco por la calle, me dijo que era pintor, que tenia casi noventa años, que la pintura era el lenguaje más largo hacia los caminos de la memoria.  Le dije que había ido a Montevideo en busca de Benedetti, algo en mí buscaba en el fin del mundo un poco de certidumbre poética, necesitaba saber si la poesía seguía viva. Le conté el infierno de la noche anterior, de la danza ebria sobre la agonía del poeta, le conté de mi camino por un Montevideo tenebroso en donde la ausencia de Mario ya se sentía en cada uno de los ladrillos muertos de la ciudad. Dante hizo una pausa, me miró a los ojos y dijo:  Mario no murió ni en la dictadura, ni los milicos de mierda pudieron matarlo, sigue vivo, está en la calle mientras la recorres, en los versos de un escritor novato que se pierde entre rimas imposibles, esta en los llantos de todos los exiliados del mundo, en la rebeldía natural que brota de nuestra tierra irrefrenablemente . No se si vivirá un año más, se que su cuerpo no cabe en la garganta de la muerte. Al buscarlo por la ciudad  lo que encontrase fue su poesía, esa poesía oscura y luminosa que  aprendió a escribir en la horas más negras de este país inverosímil ; en este fin del mundo, como tu lo llamas, los poetas son la presa y el cazador al mismo tiempo  y eso es lo que tú encontraste, no busques más.

Una serena llovizna purificó el casco viejo de la ciudad, la lluvia entró en mi corazón, en mis huesos;  la voz de Dante se fundía con el ritmo azul de la llovizna, un huracán de misterios se revolvía sobre nosotros dócilmente, llenando de calma  el rostro de las cosas cercanas.  Pasamos unas horas juntos, caminando por un Montevideo renovado, hablando de cosas simples,  y de cosas profundas que en las palabras del pintor se transformaban en imágenes místicas y mágicas.

Me despedí de Dante al atardecer, lo vi alejarse por una calle sin nombre, con su paso lento y firme como un viento apacible.

Su voz aún resuena en mi memoria, su voz trae a mis recuerdos el recorrido de mis pasos  en el límite incierto de un Apocalipsis individual y mi encuentro con la poesía en carne viva aquel  verano sudamericano en el que Mario Benedetti me presentó a Dante Ferrer Saravia.

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En busca de Mario Benedetti I.

El 2008 llegaba a su fin, yo me encontraba en Montevideo Uruguay, caminando por Las Ramblas, perdido en el borde del fin del mundo. En dos días debía regresar a Buenos Aires a terminar un curso de arte y filosofía que había emprendido meses atrás. No tenía demasiado tiempo para buscar a Mario Benedetti, su vida terminaba y a mi el buquebus me esperaba implacable en el Río de La Plata.

Dos cosas me habían llevado a Montevideo: el libro ” La Tregua” y una bella cantante de ópera que había conocido meses atrás en Buenos Aires. Ambos partiríamos de regreso a nuestros países  al terminar nuestros respectivos cursos y decidimos viajar a Uruguay en busca de un época de oro para la memoria.

“La Tregua” es una novela de flores muertas; es una novela que produce en el espíritu una dulce asfixia. Así es Montevideo también, una dulce asfixia imposible.  Durante mi estancia en la ciudad “La Tregua” se convirtió en mi guía, en mi Virgilio de tinta que me enamoraba y me hería a cada instante. Buscaba las huellas de Laura Avellaneda y de Martín Santomé, buscaba a ese hombre que se fundía en ambos personajes. Buscaba el rostro de Mario Benedetti.

Recorrí Montevideo, me enredé en sus calles que se mueren lentamente en el fin de la tierra; aquí la luz del sol no es como en otros sitios,  aquí la luz del sol se desliza por las calles, las atrapa en un calor dulce que sube por el cuerpo de quien las transita,aquí la luz del sol es una miel densa, inagotable, primigenia. Es tan lenta la luz del sol en Montevideo.

Un pescador hilaba esperanzas en el río. Me acerqué a él; una noche antes la cantante me había dado un concierto íntimo con alguna aria de la Edad Media justo ahí, en el hueco de una roca de este río salobre  que siempre desemboca en el desconsuelo.   Hoy estaba yo solo con mi búsqueda imposible. ¿Conoce a Mario Benedetti? le pregunté al pescador a quemarropa, así ridículamente,  como acontece todo por acá en un absurdo total que sin embargo esta permitido por la cercanía manifiesta del fin de mundo. El pescador me miraba confundido, y,  ¿éste pelotudo?  la frase  parecia brotar como un géiser desde el fondo de sus ojos. ¿Qué si conoce a Mario Benedetti? El pescador seguía confundido, luego de un par de segundos me dijo, que si, que Mario a menudo pasaba a un café ahí por la calle de Ituzangó.  No podía creer en mi suerte, había recorrido toda la ciudad, me había  subido la fiebre, me había perdido por unas calles ruinosas, había enfrentado a un par de chantas que seguían a unas alemanas desquiciadas; en una plaza conversé con artesano ciego y drogado que me dijo que Benedetti era una invención literaria, que en realidad no existía; y ahora el pescador me revelaba que Mario Benedetti iba a tomar café  a un lado de mi hostal. Regresé a mi cuarto con la esperanza reluciente. Caminé las calles del centro nuevamente; algo hiere mi memoria cada vez que recuerdo esas caminatas, ahi, perdido en una ciudad taciturna, buscando a un poeta moribundo, el mundo parecia tan cargado de bellezas que aún hoy me es imposible soportarlo.

 

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Moana.

Moana es una película animada de Disney que fue lanzada al mercado el año pasado, esta ambientada en el Pacifico Sur. Técnicamente es impecable. De hecho, quien quiera revisar a profundidad el argumento del descenso a los infiernos, esta es una cinta que lo acomete con muchísima seriedad. La animación esta en camino de consolidarse y lo que logran los animadores de esta cinta es muy emocionante.

Sin embargo, el diseño de los personajes y la esencia de la historia es sumamente perversa. No olvidemos que Disney es una compañía abiertamente conservadora que ha contribuido a solidificar el poder de las elites gobernantes.

Si bien, podría parecer que la cita es progresista ( la protagonista esta a punto de llamar ” son of a bitch” otro personaje lo cual es tremendo para Disney) hay mensajes muy pertubadores que fundamentan toda la película.

Si bien Moana es quien toma el control de las acciones y esta siendo educada para gobernar, lo cual es destacable, en esencia no habrá cambios significativos.

Me refiero a lo siguente: en Disney comúnmente los gobernantes son elegidos por los dioses, lo cual genera un orden imperturbable, un orden que el resto de la sociedad debe respetar de lo contrario el peligro de caer en el caos y la devastación es inminente. Si bien Moana ahora tomará el control, esto no significa que exista una subversión, mas bien solo será un re acomodo de las esferas de poder. Los recolectores de coco serán para siempre lo mismo y los pescadores también, no hay posibilidad de asenso social a menos que seas de las elites. Véase “La espada en la piedra” y “El rey león”.

Esto pasa en la realidad, cuando ganó Enrique Peña Nieto en México o el presidente de EUA, escuché muchas veces cosas absurdas como que Dios los había puesto ahí y que era su voluntad, por lo tanto había que respetarlos. Estos mensajes viajan obviamente a través de Disney y de otros canales.

Otra cosa espeluznante son los personajes de los Kakamoras o algo así. Cuando Moana decide emprender el viaje y salvar a su cultura, en el mar se encuentra con estos seres que parecen cocos, son de tez mas oscura, no hablan el idioma, viajan en embarcaciones de dudosa procedencia y pueden acaban con toda la misión, desean robar el tesoro que lleva la chica.

Esto me parece estremecedor, sobre todo por el tremendo problema de la migración y la persepcion de esta. Es increíble que pinten estos seres así, como enemigos de la cultura que dará vida a toda la tierra. Al no hablar el idioma, ser de tez mas oscura, y al ser nocivos para la misión que esta en juego, decididamente marcan una linea perversa en cuanto al trato a los que no pertenencen a nuestra cultura. Aterrador.

Disney esta a la vanguardia en cuestiones técnicas, en cuestiones sociales es la pornografia social mas oscura y nuestros hijos la consumen.

Si esto es la industria, necesita mentes dóciles y sumisas para funcionar.r_moana_header_poststreet_mobile_bd574a31.jpeg

Sabines.

Hace unos dias me encontré un libro de Sabines: ” Tarumba”, una de sus creaciones más intimas y misteriosas. Tarumba es esta voz compleja, omnipresente, oceánica.

En su poemario, Sabines nos revela lo abismal de su interior, mismo que revela una incomodidad, una melancolía criminal que no puede aceptar el exterior sino como un páramo de ebriedad poética.

Tarumba no es una descripción del mundo, es una expresión del mismo.Sabines intenta que la poesía, no Su poesía, sino La poesía, realize una invasión a la realidad; entonces la poesia se convierte en una fuerza de choque, una marea imposible que vendrá a liberar la realidad interior hasta transformarla en percepción y guía.

Sabines es mucho mas que sus poemas de amor, su voz se levanta como una duda y nos reta a ver el mundo con los ojos de la noche; a ver al mundo ebrios o con fiebre eterna, enfentandoos al abismo, deambulando por nuestras oscuridades naturalmente, como exploradores de lo trágico.

“En este pueblo, Tarumba,
miro a todas las gentes todos los días.
Somos una familia de grillos.
Me canso.
Todo lo sé, lo adivino, lo siento.
Conozco los matrimonios, los adulterios,
las muertes.
Sé cuándo el poeta grillo quiere cantar,
cuándo bajan los zopilotes al mercado,
cuándo me voy a morir yo.
Sé quiénes, a qué horas, cómo lo hacen,
curarse en las cantinas,
besarse en los cines,
menstruar,
llorar, dormir, lavarse las manos.
Lo único que no sé es cuándo nos iremos,
Tarumba, por un subterráneo,
al mar.”

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