Los ojos de Miguel.

by samuelr77

A  Manuel Lara Villagordo y Raúl Yusta. 

         “¿Qué es tu mirada, qué es una mirada? Triste luz descarriada, paz sin dueño.” Jaime Sabines, poeta mexicano, parece describir en el tiempo la mirada de Miguel Hernández.  En el encuentro de los poetas, en la mirada de Miguel y en las palabras de Sabines, aparece  una palabra milenaria, una palabra vibrante, necesaria, incomoda, llena de vida y de potencia; en los ojos de Miguel y bordeando todas las muertes posibles, la palabra “resistencia” se eleva como un presagio sobre las horas negras de la vida.

Al inicio el libro “1984” de George Orwell, el protagonista  Winston escribe notas en un papel, palabras sueltas, palabras que en apariencia expresan sólo  estado de inquietud personal; sin embargo, la importancia de esas palabras se revela mientras avanzamos en la novela, mientras nos internamos en las intenciones espirituales de Orwell. Si somos pacientes, descubriremos la tremenda irrupción de fuerza que emanan de esas palabras sueltas. En la novela, Winston sufrirá el acoso incontestable de un poder absoluto; Orwell, sin embargo, cree en la palabra escrita como un símbolo de resistencia en un mundo enfermo de poder. En esas palabras, trazadas por necesidad en el borde de un diario habita la continuidad de la vida, son semillas que reventarán en grandes árboles indómitos capaces de regenerar a espíritus caídos. La palabra entonces es escudo  y lanza contra los ejércitos malditos, es la lumbrera que hiere la tiniebla, es la armadura del espíritu, es la barca constante que atraviesa el río del infierno.

Escribimos con Winston cuando el mundo se viene encima, entonces la palabra es la habitación del espíritu, una habitación que nadie  puede construir sino aquel que tiene en sus ojos la furia y el duende que impulsaron a los poemas de Miguel Hernández.

Los poemas de Miguel Hernández son esas palabras sueltas en el gran libro de la historia del Siglo XX, esas palabras que escaparon a la muerte, a la asfixia social, esas palabras que despiertan en la lengua sílabas nunca antes dichas pero que pareces eternas.  Aún hoy resuenan en las trincheras de la España herida, es tan hondo el misterio de la poesía que  leer  a Miguel Hernández es vencer una y otra vez a los demonios del olvido.  En el desierto de este momento histórico tan tenaz, la voz de los poetas, de lo poetas verdaderos, esos que han sido condenados al lodo y a la sangre, hacen temblar a los cimientos de la tierra, de tal manera que los ojos de un poeta muerto son mas verdaderos que las palabras infames de los nuevos tiranos. La incertidumbre poética ha de darle de beber al mundo, o el mundo no será.

Los ojos de Miguel parpadean en el instante, están ahí, como una luz descarriada, tocando las puertas del horizonte, entregándome en este mismo momento  el puro, el interminable deseo de más vida; y yo me hundo en ellos como me hundo en un vaso de vino nuevo madurado en la respiración de la luna mediterránea.

“..hay ruiseñores que cantan

encima de los fusiles

y en medio de las batallas.”

Sigue cantando en medio de las batallas ,encima de los fusiles; tu voz resuena poeta, hace daño y reinventa el mundo. ¿Qué es tu mirada, Miguel?

Miguel_hernandez.jpg

 

 

 

 

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