El despertar de la mirada.

by samuelr77

Queridos lectores:

Este mes presento mi libro ” El despertar de la mirada” (Editorial Font 2016) en la Feria Internacional del Libro, Monterrey 2016; el libro es una reflexión que  intenta enfrentar al espectador con la inquietud descomunal de la obra de arte. Hablo sobre el arte como estado de crisis, como erupción; como  un largo sueño imposible.

Les dejo un fragmento. El libro estará disponible el librerías de México y si alguien desea una copia y vive en algún sito inaccesible, adjunto mi correo para enlazar y estar a su disposición: samuelr77@gmail.com

 

CAMINAR ENTRE LAS SOMBRAS DE MACBETH:

EL ARTE Y EL ESPECTADOR.

“El arte no es un llegar a casa; es, en todo caso, un repensar nuestra casa. Es una crítica, y en ocasiones, una destrucción del hogar. El arte como sitio de reposo es una forma triste de acercarnos a él; necesita de un espectador activo, dispuesto a no dejarse arrasar, a hacer preguntas, a hacer uso de su libertad mientras que reconoce la fuerza crítica que nace del corazón de la obra.

Macbeth y Banquo reconocen lo que ocurre frente a sus ojos; sin embargo, no atinan a operar en consecuencia. Si bien lanzan preguntas e intentan determinar el sentido de lo que han visto, es claro que son superados. En lo sucesivo veremos cómo su vida pierde la cualidad poética y espiritual de la autonomía al quedar atrapados por los mensajes arrasadores que obtienen de Las Parcas.

Lo que percibimos de estos dos personajes es algo que también se percibe en el espectador de hoy: el desamparo. En nuestros personajes encontramos similitudes que nos permiten elaborar una idea sobre la relación del arte con el individuo en nuestro tiempo. Cuando la obra de arte no es meditada y es sólo apreciada desde la interpretación instintiva, desde la experiencia directa, corre el peligro de volcarse contra nosotros, de hacernos el mundo y de contribuir con los poderes obscenos y tiranizantes que acompañan en cierta medida a todo arte conocido.

Por ejemplo, acercarnos a Las meninas o La familia de Felipe IV de Velázquez(Diego de Velázquez. 1656. Barroco), desde una primera impresión irreflexiva podría colocarnos en el ámbito de los banal, hacernos sólo participes de una colección de elementos estéticos que podrían nublar nuestro juicio y depositarnos en las superficialidad del espectador cobarde.

Macbeth se deja arrasar, cree ciegamente en lo que lanzan Las Parcas, su vida es colonizada por la voz nebulosa del mensaje de las hermanas fatídicas. El espectador que no logre desentrañar lo universal en Las meninas es, en cierta medida, un Macbeth en potencia, un ser desamparado que se dejará habitar por una voz arrolladora que le impedirá profundizar en el sentido universal de lo que aparece vertido en la obra de arte. La obra de arte puede colonizarnos o puede guiarnos, este fenómeno se nota en mayor medida con los sistemas políticos. Sin embargo, un espectador que se presente desamparado ante una obra de arte, aludiendo exclusivamente al deleite estético, puede provocarse la muerte por devastación.

Quien se acerque a La anunciación en sus múltiples versiones y sea penetrado exclusivamente por el contenido religioso de la obra corre el peligro de ser atenazado por el sueño de la iglesia y hacer suya la fe que permeó sobre el momento histórico de la era en la que fue concebida la obra. Esta aproximación a la obra provocará que el espectador corra con la suerte de Macbeth y sea arrollado por la voz claroscura de El Greco o de Da Vinci. Si el espectador hace un esfuerzo intelectual y logra escalar las cumbres de la obra y se pregunta por el fondo espiritual que arranca a la mirada del artista de la existencia, entonces estará ingresando a un terreno propicio para que la vida misma germine en él y el arte pase de tirano a guía, de Parca fatídica a compañía venturosa.

Si el espectador detecta que la idea puede dirigirnos hacia la poética de aquel que se sacrifica por un bien mayor, estaremos entrando en la órbita de lo universal. Si contemplamos en La anunciación a María como un ser metafísico que pide nuestra vida en nombre de la voluntad del dios católico-romano, entonces seremos arrojados de nuestra propia vida, avasallados hasta la ignominia; por el otro lado, si entendemos que el cuadro describe a todo aquel que ha realizado un sacrifico en nombre de un bien mayor, habremos experimentado la obra de arte en su justa medida.

El arte no puede ser un dador de sentido sino un proveedor de lucidez.

Entonces pensaremos en personajes como Irena Sendler, “el ángel de Varsovia”, o en Rosario Sánchez Mora, “Rosario Dinamitera”, o en el poderoso y valiente Víctor Jara, quien, desde la música, hizo temblar a los más odiosos dictadores de su tiempo a pesar de poner en riesgo y luego perder su propia vida. En estos seres milagrosos está presente la cumbre de la idea que habita en La anunciación. Es necesario, en bien de la fortaleza espiritual, alcanzar las alturas del arte.

El espectador debe estar preparado para alcanzar dichas cumbres y enfrentarse a las dosis de locura, desasosiego y angustia que lanza la obra; sin esto, siempre será víctima, un Macbeth errante carente de autonomía y de movilidad creativa. Es irremediable emprender conscientemente la búsqueda de lo universal, es decir, trascender nuestros cortos alcances; el arte es una invitación a romper espiritualmente el cerco opresivo de la historia, de las costumbres, de la patria, de la familia, de la moral, de nuestro pequeño entorno social, en fin, de todo aquello que nos impida a una verdadera elevación. Al alcanzar la universalidad, podremos acceder a una experiencia artística más viva; esa vitalidad reverberara directamente en el filo de nuestra propia existencia.

Para alcanzar las cumbres del arte, es necesaria la violencia de espíritu.

 

14658372_10153977046009499_1739942775_n.jpg

 

unnamed-3

 

14686072_10153977046404499_540358392_n

 

 

Advertisements