“El renacido” Fotografía y revelación.

by samuelr77

Emmanuel Lubezki es poseedor de una de las miradas más privilegiadas del imaginario artístico actual. En su mirada la fotografía es una red que atrapa las emociones del espectador. Lubezki pinta con luces, retrata penetrando en el corazón de la imagen para anunciarle al mundo su nuevo nacimiento. Lo que pasa en su cámara está más allá del bien y del mal; es una fuerza que de pronto es arrojada al espectador ya sea para sofocarlo en un abrazo de locura como en “Birdman” ( González Iñarritu, 2014), o para entregarnos el sabor fragmentado de la gloria que grita con una lumbre eterna y claroscura como en “Alí” ( Michel Mann, 2001), o para entrar intempestivamente en una meditación sobre lo terrible como en “El renacido” ( González Iñárritu, 2016)

Lubezki es uno de esos seres misteriosos que logra indagar en lo incomprensible. Sin embargo, su talento no viene solo. Como todo artista que valga la pena, el fotógrafo se ha servido de la tradición artística para revestir su trabajo de una riqueza conceptual como pocas en la industria del cine.

En su más reciente trabajo, el film “El renacido”, del mencionado director mexicano Alejandro González Iñárritu, Lubezki adquiere una deuda con el Romanticismo alemán, honra la memoria de este movimiento artístico, y logra llamarlo nuevamente a la vida.

En sus planos, la presencia redentora de está escuela artística anuncia la aparición de lo sublime que en ocasiones se presenta como lo terrible, en otras como un abismo que se abre para tragarse la vida en una barranca milagrosa, en otras la belleza de la pradera llena de luz la atribulada vida de los hombres. Lubezki entiende mejor que nadie el alma del renacido Hugh Glass, de tal manera que lo captura en su horror, entregando al espectador el sentimiento de pequeñez frente a la naturaleza y esa impresionante sensación de enfrentamiento y pesadilla que pobló las intenciones de los románticos originales.

En el film, Hugh Glass debe aventurarse en lo incomprensible, la sed de venganza ha roto sus relaciones con la civilización, está arrojado a lo abierto y a cada paso que da se hunde en lo elemental. Lubezki lo sigue en su viaje, no perturba al personaje con imposiciones conceptuales innecesarias, lo deja respirar en el mundo de lo intuitivo y se sirve del Romanticismo y de sus grandes exponentes como Caspar David Friedrich para que el personaje tenga un espacio ideal de operación.

El fotógrafo redescubre para nosotros lo romántico; lo lanza a la mirada del espectador mientras le exige sumergirse en lo terrible junto a Glass. Las imágenes horadan el espíritu y nos desafían a ir a donde sólo el instinto puede llegar. La intención del fotógrafo no es simplemente aprovechar la estética romántica a su favor, sino acometer lo sublime y lo problemático, en donde podremos experimentar la tremenda aparición de la vida.

Cuando un fotógrafo como Lubezki se propone un tema, nos sólo apreciamos la realidad sino que penetramos en ella, nos adentramos en lo profundo de la experiencia humana como quien naufraga en una tormenta poderosa. Esto es quizá una de las justificaciones del arte y del artista a través del tiempo: la posibilidad de entrar en los delirios de la humanidad hasta verlos de frente y conmovernos en un instante privilegiado.

Lubezki acude al Romanticismo para pronunciar los dilemas de nuestro tiempo, no sólo lo utiliza como referencia, más bien lo relanza hasta traerlo de nuevo a presencia, hasta hacer posible la extracción de la verdad de la experiencia humana desde un fondo oscuro tal y como deseaban los románticos. No es casual que el fotógrafo elija está escuela artística para elaborar la estética de “ El renacido”. Si bien, como apunta el filósofo alemán Rüdiger Safranski, el Romanticismo como escuela ha quedado superada por el tiempo, lo romántico sigue vivo y aparece cuando hay una desazón por lo real y una traición de la civilización contra el individuo.

Así, el ojo del fotógrafo nos dirige hacia el camino de la disidencia en el que estamos solos ante una civilización que nos ha traicionado; entonces tenemos la posibilidad de regenerarnos en lo abierto y de hacer uso de nuestros sueños como propulsores de la justicia y de la dignidad. Un mensaje nada despreciable para un mundo como el nuestro que a cada paso nos coloca más cerca del abismo.

 

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