Let it Be.

by samuelr77

 

                                   Con cariño, para mi amigo Juan Domingo.

 Ni viví en los 60´s, sin embargo, me gusta pensar que los 60´s viven en mi. No estoy muy seguro de lo que estoy diciendo, en general el mundo de hoy nos pide certezas, evidencias, evaluaciones y lo mío no es más que una intuición, un sueño que se hunde en las dulces aguas del deseo.

Los 60´s nos llegan en un eco, en un rumor vital que no parece tener fin, su estela se alarga místicamente retando a la dureza del paso del tiempo, retando a Pinochet, a Videla, a Díaz Ordaz, a todas las devaluaciones posibles. Su largo aliento libertario nos llega en una promesa que se desgaja en el viento haciendo posible la vida.

A la distancia esa década nos parece un ensueño, un páramo único en la historia del siglo. Sin embargo, no es el banal deseo de idealización lo que me mueve a escribir estas líneas, es algo más. Es la necesidad de recordar aquello que no sabe perder la vitalidad. Y es que pensar en jóvenes protestando siempre será un deseo de invocar la fuerza redentora de los Teseos de la historia. No es sólo el sabor del Mayo francés lo que me mueve a escribir esto, es también el gran mensaje universal que nos impacta aún hoy, ese mensaje vivo, inasible, catastrófico veces, pero invariablemente necesario: llega a ser quien eres.

Si algo nos enseñan los 60´s es aquello que ya intuyeron Nietzsche, Marx y Freud: la sociedad puede ser tóxica, puede hacer daño, por lo tanto es necesario tener fuerza para reventar el dominio de la moral, de la fe, de la ley, de la familia, de la academia, de todo aquello que llegue a atentar contra el deseo de libertad.

Los jóvenes que vivieron y se dejaron vivir por esta década se lanzaron a las calles en busca de sí mismos. Algunos ofrecieron sus cuerpos y sus vidas en sacrificio, otros se re inventaron desde la música, unos mas desde las letras, otros sucumbieron ante al arrasador impulso de la política. Sin embargo, queda para nosotros la necesidad de la inquietud y la verdad del cambio.

En el film de 1979 “Apocalipsis Now” aparecen dos personajes que bien podrían expresar el espíritu de los 60´s. Son los únicos que llegan al final del viaje. Uno viaja fugado de la realidad, lanzado al infinito gracias a la felicidad de las drogas. Su viaje, sin embargo, es un falso recorrido. Está en el mundo carente  de un principio de realidad. Su aventura es una aventura paralela, una huida incierta, su aterrizaje será una desgracia. Otro, sin embargo, no tiene más remedio que permanecer despierto; su viaje es el viaje al horror, al infierno de la realidad, debe sobrevivir y más aún debe experimentar lo real hasta sus ultimas consecuencias. Los 60´s deben ser una extraña mezcla entre estos dos personajes. La fuga de los alucinógenos y el estertóreo aliento de lo real. El embrujo de los Beatles y el rostro enfermo de Richard Nixon, la toma de las calles en Paris y el rojo amanecer el Tlatelolco, todo esto se combina para que el mundo se detenga a considerarse, a medirse y a experimentar nuevamente la vida como una lucha entre el dominio y la liberación.

Al final, esta época rica y terrible a un tiempo, nos entrega una verdad dolorosa: Se puede tener razón y aún así ser el perdedor. Los chicos de las protestas de Mayo no ganaron, ganó “ La operación Cóndor”, ganó Franco, ganó la represión soviética, ganó el conservadurismo Inglés, ganó el viejo PRI.

Sin embargo, en el fondo de la conciencia queda un sabor sin igual, el sabor de la melancolía por un tiempo mejor, y se hace presente como una presencia viva en todo aquel que tenga el deseo de vivir su vida al margen de los modelos tradicionales: en el homosexual que agita su amor en un concierto, en el joven cantautor que enamora a su chica con la sinrazón de su verso, en el poeta que logra despertar en alguien la lucha por las causas incomprensibles, en el cuentista que le roba tiempo a los procesos de producción para elaborar sus sueños en una hoja de papel, en el sacerdote que reniega de los hábitos para seducir a la mujer prohibida, en la prostituta que abre el pantalón de un adolescente para mostrarle el universo erótico como una forma de aceptación de la vida, en fin, en todo aquello que nos lance al espacio de los sueños posibles, en todo aquello que nos grite a la cara: let it be, let it be.

 

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