Chagall o la aparición de la vida.

by samuelr77

El acto de llorar implica una derrota del sistema de defensa emocional. Las lagrimas brotan libremente soslayando los dispositivos de seguridad en un movimiento libertario que muestra la rebeldía del cuerpo contra la conciencia.

Debo confesar que a mí no me ocurre muy a menudo, se sin embargo de personas que lloran con una frecuencia envidiable y esto las convierte en verdaderos ejemplos de rebeldía y lucidez emocional.

En los últimos años he tenido la fortuna de llorar dos veces, la primera fue en el verano de 2013 cuando mi mujer me informó por teléfono que íbamos a ser padres. Un temblor sobrenatural invadió mi realidad, las lagrimas brotaron desde un sitio inexplotable de mi mismo, desde una hondura irreconocible, de tal manera que no sólo lloraba con los ojos, lloraba con todo el cuerpo. Durante meses me dediqué a investigar en ese llanto. No era un llanto estertóreo e incontrolable como el que a menudo aparece en las malas películas americanas, no, era más bien un llanto sutil y silencioso, más parecido al del Capitán Acab que describe Herman Mellive en “Moby Dick”. Aquellas lágrimas resbalaban por mi rostro como una miel milenaria, como una lenta melodía sin límites que iba celebrando la aparición de la vida en su estado más puro en un movimiento poderoso y libertario.

La segunda vez que lloré fue hace unos días en el museo de arte de El Paso Texas. Acudí ahí a recorrer la magnifica exposición de arte Renacentista, Barroco y Rococó que se presenta exitosamente en este lugar. Junto con mi mujer y nuestro hijo ahora de dos años, recorrimos las salas enamorados e inquietos con el poder embriagador de Zurbarán, Murillo, van Dyck y Tiepolo.

Recorríamos las salas con un temor sagrado, como quien se sabe frente a las radiografías más reveladoras de la naturaleza humana. Aquellos rostros nos exploraban también a nosotros. Ese recorrido, con toda su maravilla y toda su gloria, inspiraba en mí cierta pesadez. No dejaba de pensar en las palabras de mi profesor Luis Sáez de la Universidad de Granada, que explicaba el Barroco como una incomodidad, como una inadecuación en donde hombre y mundo no se corresponden. Esta melancolía por la vida en la tierra y el malestar del artista ante la imposibilidad de atrapar lo incomprensible provocaban en mí la más terrible nostalgia que a cada paso acababan hundiéndome en el temible fango de la belleza. Si, después de ver ciertos Murillos, es posible estar hundido en el fango de la belleza.

No lejos de ahí, en una sala única reposaba “El violinista verde” de Chagall. Reposaba activamente en una estridulación constante, crepitando eternamente como un fuego inmarcesible. Me acerque vorazmente, sediento de la frescura verdadera que emergía de la pintura con la libertad de un puma. Repentinamente las lagrimas empezaron a brotar, el aire se cargó de esperanzas; Chagall me atacaba suavemente por todos los frentes, la aparición de la vida rugía con una fuerza arrasadora y  silenciosa.

La sala estaba llena de un silencio verde, telúrico, material, incontenible. Un sentimiento de extrema bondad, de súbita libertad me invadió hasta lo profundo; en ese momento nada pensaba menos que mi cuerpo, la muerte había perdido su aguijón durante un instante suspendido en el tiempo. “El violinista verde” y sus contradicciones, sus dulzuras, su dolor, su gran cuota de verdadera rebeldía tomaron el espacio y se impactaron directamente contra mí.

El arte es comparable a la aparición de la vida, al milagro efervescente del nacimiento. Ambos se afirman frente a lo muerto, son la gran vitalidad, el gran movimiento del mundo que se despliega  libremente arrebatándonos del suelo durante un instante violento y luminoso.

El arte es un penetrar en los misterios de la creación, el nacimiento es plasmar vida en el tiempo. Chagall en su infinita sabiduría logró imbricar en su obra el bello, el necesario, el estruendoso momento en que la vida abre sus fauces y nos traga para afirmarse frente al sórdido ataque de la fatalidad.

Salud!

Foto cortesía de Monica Lozano.

http://www.monicalozano.com

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