¡Oye tú, Francisco Villa! ¿Qué dice tu corazón?

by samuelr77

Una lluvia misteriosa invade de nostalgias el ambiente. El aroma del café sube al aire, la tarde parece serena. Este México nuestro, tan lleno de tormentas, parece hoy listo a descansar de sí mismo. En mi habitación suena una música que abre heridas, que despierta fantasmas y hace arder el fuego de mi propio corazón.

Dedico la tarde a escuchar atentamente los corridos de la Revolución Mexicana. Esas voces dolorosas e hijas de la sangre atraviesan el alma moribunda de este país para recordarnos que la vida es digna de ser vivida.

Los corridos de la Revolución llevan en sus venas la historia de todo un pueblo, de este pueblo rebelde y claroscuro llamado México. Nuestro país canta porque necesita hacerlo, porque su espíritu se lo demanda. Nuestro canto es un rayo de piedra que se incrusta contra la dureza de la vida, que le arranca belleza a desgracia. En México cantamos para darle forma a nuestro espíritu, para abrir la vida y ver dentro de este mundo increíblemente complejo el verdadero color de nuestros ojos.

Nuestra Revolución fue cruenta, amarga, dolorosa. Nuestra Revolución fue también increíblemente bella, los campesinos y los obreros, esa parte de México que hoy desdeñamos de la manera mas vil, se levantaron en armas para conquistar su lugar en el mundo. Francisco Villa , Emiliano Zapata, Genovevo de la O, Felipe Ángeles, José Trinidad Rodríguez , Francisco J. Mujica, entre otros, tuvieron la fuerza necesaria para borrar de la faz de la tierra a una dañina clase opresora que llenaban de ignominia el corazón de nuestra gente. Y si los nombro es porque durante años los hemos olvidado; la historia oficial ha logrado convertirlos en fábulas, en estatuas sin vida cerradas sobre el pasado; pero ahí donde la historia oficial fracasa, el arte popular triunfa. La música de la Revolución lleva en su vientre el nacimiento de un nuevo país, de un país que por primera vez se hizo dueño de su propia muerte y por ende, dueño de su propia vida.

La voz de Francisco Villa esta impregnada de justicia social, en su potencia le hizo saber a los pobres, a los desheredados, a los que no tenían más que su dolor, que eran parte de la vida y que podrían re escribir la historia, que no necesitaban a los poderosos para organizar su existencia. La justicia social, ese fantasma que aún hoy día se nos escapa de las manos, por un momento se hizo presente en la historia de México, iluminando las tristes chozas de hombres y mujeres valientes que hoy están una vez más en el nebuloso olvido.

La música de la Revolución mueve montañas, es nuestro enlace más fiel con la verdad de hombres y mujeres poderosos que sin duda son la mejor generación de mexicanos que ha existido, hombres y mujeres que nacieron postrados y murieron de pie, que conquistaron su propia altura y se elevaron por encima del horror al que eran sometidos.

La tarde empieza a aclararse, el rumor de la lluvia se desliza hacia dentro de la casa, el silencio sólo es roto por estos corridos de sangre y fuego que revientan la vida y dignifican el instante.

Esta música no sólo es nuestra, es de todo aquel que alguna vez se haya sentido ofendido por la avidez de los poderosos, de todo aquel que haya tenido el valor de conquistar su propia libertad, de todo aquel que lleve en su vientre rayos y centellas listos a reinventar el mundo; de todo aquel que aprendió a pronunciar las verdaderamente las letras de la palabra “libertad”.

Salud!

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