Gente sombría.

by samuelr77

El tiempo sombrío del que habla el poeta y dramaturgo alemán, Bertolt Brecht en su poema “A los hombres futuros”, nunca fue tan actual. Este tiempo nuestro, plagado de miserias, nos recuerda continuamente nuestra detestable condición de hacedores de maldad.

Las nuevas tecnologías han abierto como nunca antes las ventanas del horror. No pasa un día sin que seamos testigos de la desventura que implica ser hombre y andar por la tierra. Nuestros días están poblados de alarma, de turbación, de muerte; una riada atroz de sangre fresca nos persigue desde todos los puntos de la tierra.

De todas las tragedias que tenemos a la mano, hay una que es especialmente terrible que nos ha puesto contundentemente frente a nosotros mismos. Me refiero a la fotografía del niño yacente en la playa de Turquía. Ante imágenes como esta no podemos más que hacer nuestras las palabras de Brecht, y aceptar que nuestro tiempo y lo que hemos hecho de él, es un veneno que se hunde hasta las más profundas oscuridades del ser. Es necesario replegarnos y aceptar que somos una generación perdida, muerta antes de nacer, una generación infame que se llena los labios de palabras grandilocuentes, como igualdad, sustentabilidad y democracia, sólo para caer vencida en el fuego de la verdad, incinerándonos en este basurero de la historia que hemos dado a llamar el siglo XXI.

Hoy me avergüenzo terriblemente de ser parte de esta cultura, me avergüenzo de ser miembro de una sociedad incapaz de asumir sus males, me avergüenzo de cada político indiferente, de cada ciudadano sin escrúpulos, de la cruel ignorancia que puebla nuestro mundo. La imagen de ese niño desamparado y sin vida, pasará a la historia como un vestigio de lo que somos, descubrirá nuestra barbarie, develará nuestra tremenda ansia de muerte, nuestras desmedidas ganas de hacernos pedazos. Nada de lo que se haga o se diga podrá hacernos olvidar que somos un fracaso global, un simulacro de comunidad. En este momento las palabras de Rulfo cobran una vitalidad desoladora: aquí todos estamos muertos.

En hechos como este, en la terrible suerte de los estudiantes de Iguala, en la muerte silenciosa e interminable de los emigrantes del mundo, en la sed de sangre de los dictadores que nos gobiernan, en el pozo de indiferencia que vivimos en los grandes centros urbanos, se agita una culpa tan grande que ni todas las oraciones del mundo juntas repetidas estúpidamente hasta la eternidad podrán borrar. Somos una terrible mancha en la historia, una mota de polvo tóxico en el universo.

Quien sepa abrir la mirada, se dará cuenta que este es el tiempo de la caída y que aparecemos en el horizonte como testigos de que todo cuanto hemos creado hasta ahora se precipita estrepitosamente sobre nosotros. Quien sepa abrir la mirada entenderá que la buena noticia es que no tenemos de donde sostenernos, y que estamos a expensas de un azar incomprensible. Mientras, una maniática obsesión por el consumo y una espiritualidad al vapor, plagada de yogas, chacras y tarots, es todo lo que nos queda para distraer la mirada del atroz abismo al que nos dirigimos irremediablemente.

Ojalá que las generaciones futuras vean a esta generación acabada y pobre de espíritu con la mayor de las indulgencias. Brecht tiene razón, somos gente sombría.

“Atardecer en la avenida Karl Johan”.
Edvard Munch.
1885.
Evening_on_Karl_Johan_Street

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