El misterio que somos.

by samuelr77

El misterio de lo que somos nos ha inquietado desde nuestros más dilatados orígenes. Sabemos, sin embargo, que estamos habitados por fieras, por pasiones devastadoras que nos arrasan en una corriente imparable. En medio de ese vértigo inexplicable en el que somos arrastrados continuamente, de pronto aparecen atisbos claroscuros que, por unos breves y luminosos instantes, nos revelan nuestro propio rostro.

Quizá deba ser más claro. Me refiero a un hecho capital en la historia. En la Navidad de 1914, con una Europa destruida por una guerra despreciable y confusa, un grupo de soldados rivales se descubrieron en su más tierna humanidad y des ocultaron esa parte noble y poderosa del hombre que emerge casi siempre en las situaciones más aberrantes; justamente de entre en esos laberintos incontenibles en donde parece que no hay salidas posibles.

El hecho ocurrió en alguna de las trincheras que se formaron por todo el frente europeo. Los soldados morían entre el lodo, ahogados por gases infames, hartos de plomo y estrépito; la gente se odiaba, los países y sus gobernantes se embriagaban de sangre en una orgía de poder que amenazaba con acabarlo todo. Los hombres morían entre sus hermanos, entre sus amigos, la fuerza de la destrucción herían sus sueños y sus realidades, nunca antes el hombre fue tan efectivo para matar como ahora. Sin embargo, de entre las ruinas de nosotros mismos emergen en ocasiones los fantasmas de la libertad y pueblan el mundo de esperanzas.

Aquellos soldados se vieron en la devastación y se hermanaron durante un par de días solo para darse un abrazo y declarase inmortales durante algunas horas. En las trincheras, la sangre fue sustituida por el vino, esa otra sangre milenaria, el grito por la música y el odio por la dulce sonrisa del amigo. Imagino a los soldados enfrentándose al ominoso fin del mundo, luchando por Dios y por la patria hasta quedar vacíos, arrasados por la corriente de este mundo que no da tregua y siempre esta ávida de miseria, ahí mismo,mientras se revolcaban entre la nada más violenta, entendieron el sonido de la paz que inundó sus mentes como una estela de luz largamente deseada; se vieron entonces a los ojos y cantaron una canción que resonó en sus oídos hasta el día de su muerte.

Desde acá, desde este lado del tiempo, deseo honrar la memoria de esos chicos escoceses, alemanes y franceses, que en un momento lúcido se dieron la mano en un campo de batalla.

Nosotros, los hombres, tu y yo, somos el peor cáncer que ha pisado este planeta, llevamos escrita en la lengua la palabra destrucción, sin embargo, tenemos el don de la amistad, que cuando surge de entre las balas y de entre los huesos de la muerte es capaz de reconquistar la ciudad de la esperanza.

Las palabras de un soldado, tomado, sin duda,por el poder de la poesía, resumen así ese hecho magnifico:

“Todo ocurrió espontáneamente, en forma muy misteriosa. Un espíritu más fuerte que el de la guerra prevaleció aquella noche”.

Salud.

TREGUA FUMANDO

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