Federico García Lorca.

by samuelr77

 

Federico García Lorca reposa en una banca, son los últimos días de algún Febrero; el invierno ha durado ya demasiado tiempo.

A sus espaldas, los primeros brotes de hierba se asoman tímidamente; los árboles sueltan lagrimas de ámbar. La gente pasa a su lado, apenas lo notan.

Me siento junto a él, respiro ese aire cargado de misterios que suele tener el sur de España. Algo canta en mi interior, algo llora en mi interior. Este pedazo del mundo canta y llora simultáneamente. Federico lo sabe.

El poeta no es el mismo, alguien le ha arrancado un pie y lo han dejado ahí, como retando al mundo. Su pierna mutilada cuelga en el viento como un verso a medio  hacer. No puedo contener el resentimiento: me duele el pie de Federico, me duele la indiferencia feroz de la gente que pasa, me duele la vida.

Días después me enteré que el daño lo habían hecho un par de vándalos imbéciles. No tardaron mucho en reponer el pie de la estatua.

¿Por qué las fuerzas oscuras de este mundo tienen tanto rencor contra el artista? ¿por qué la poesía irrita? ¿por qué la fotografía molesta? ¿por qué un film es prohibido o un pintor exiliado de  su tierra?, ¿por qué un poeta es fusilado como un criminal por aquellos que eran sus hermanos?

No tengo otra respuesta que la que me enseñó Federico:  el arte es sangre, el arte se enfrenta a los poderosos, reta a los destructivos,  estimula el corazón del hombre, lo saca de su letargo. El arte irrumpe en el mundo como una yegua que pronuncia lo indecible y muestra con punzante profundidad los verdaderos colores de la realidad.

El artista capta la realidad, la relanza en un lenguaje lleno de potencia que revela los secretos del instante. Los poderosos, los dañinos, no pueden más que desear la muerte de aquel que despierta el corazón del hombre, de aquel que derrumba el castillo de naipes, de aquel que mide el mundo con sus llantos.

El filosofo francés Jan Luc Nancy, ha dicho que el artista es el que tiene la precisión sin calculo, es aquel que desde la exactitud inocente nos revela nuestro propio rostro, nuestro verdadero rostro, nítidamente, en un breve espacio de agua cristalina en medio del revuelto caudal de la existencia. Eso que somos aparece brevemente en los labios del artista en un relámpago que deslumbra la noche

Los poderosos, los dañinos, intentan formarnos una idea distorsionada de nosotros mismos, nos han llamado representantes de Dios en la tierra, nos han llamado compañeros de armas, nos han llamado hermanos, nos han llamado compatriotas;  el artista los desmiente, su voz revienta las moldes malditos, y al hacerlo nos sitúa frente a nosotros mismos.

A Federico lo mataron por poeta. La fuerza de su voz resultó insoportable para los oídos de sus verdugos.

La fuerza del arte desnuda, desgarra la manta de lo oscuro, recupera el mundo para nosotros. El artista no tiene más remedio que enfrentarse.

Por ahora me despido de Federico, lo dejo en su banca instalado fielmente en el instante. Detrás de él y quizá por él, se asoma una tenue primavera.

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