Luces y sombras en el país de la fiebre.

by samuelr77

El escritor inglés Malcom Lowry definió a México como un país con fiebre, como un lugar imposible en donde se mezclan incesantemente el encanto y las pesadillas.

Lowry tiene razón, en este país nuestro, febril e inflamable, caminar en cualquier dirección es andar por el filo de un abismo. Estos últimos años, México se vio expuesto a una andanada de tragedias, fuerzas disolutorias impregnaron de miedo el ambiente, lo hicieron suyo. Una devastación casi fantasmal hirió nuestras noches y nuestros días, el mundo se nos presentó como un largo corredor de desesperanzas. Estas fuerzas arrasadoras, hijas del caos y ebrias de maldad, se impactaron directamente en los más necesitados; en aquellos que se llaman olvido, que pronuncian todos los días las voces más oscuras; en ellos que se visten con las arduas ropas de la dignidad y es todo lo que tienen para enfrentarse al mundo.

Es de este mundo nebuloso de donde surgen voces poderosas que nos levantan de la tristeza, que se enfrentan al caos y enarbolan la bandera de la mencionada dignidad.

La escena final del film “Los Olvidados” de Luis Buñuel es sumamente reveladora; el chico Pedro, uno de los protagonistas del film, cae muerto en una barranca destinada a la basura en un barrio perdido de la Ciudad de México, su caída está envuelta en un halo de sombras y luces que realzan la extraña belleza de lo terrible. La caída de Pedro es también la caída del hombre. Pedro rueda sin vida, las fuerzas que lo rodean han sido superiores a sus deseos y a sus sueños, la erosión social ha logrado acallar su inocencia. El caos que surge de un progreso mal entendido, ha generado en el ambiente una devastación que en principio parece irreparable. “Los Olvidados” es la poética del desamparo.

La mirada de Buñuel rompe las entrañas de la sociedad, la planta frente a sí misma, la reta y la cuestiona, corta sus salidas. La mirada de Buñuel pregona las injusticias con el impulso natural de un artista que entiende su tiempo y está listo a detonar las bases de una sociedad ciega, enferma,y sumamente adormecida. La potencia de su voz alcanza también a nuestra época. Pedro no ha cesado de rodar, la devastación que detecta y denuncia Buñuel sigue vigente.

En nuestro tiempo esa voz penetrante es plural, el tiempo la ha configurado de un rostro múltiple, siempre revestido de entrega y compasión por los sectores especialmente lastimados. Una de esas voces se llama Rosi Orozco.

Rosi Orozco es una viajera del país de las sombras. Esto no es fácil, para viajar entre las sombras uno debe acostumbrarse a ellas, a esa penumbra cruel, densa, incontenible. La penumbra confunde al hombre y lo pierde, le niega el color de las esperanzas posibles, la penumbra es tan voraz que impide cualquier posibilidad de vislumbrar el porvenir. Para recorrer el país de las sombras uno debe refugiarse en la inconsciencia o por el contrario, debe vivir en el mundo de los despiertos con los ojos alerta; este es el caso de quien inspira estas líneas.

Rosi Orozco ha formado una organización que se dedica a combatir la trata de personas y a rescatar de entre las tinieblas a mujeres que han sido explotadas sexualmente. Mujeres que perviven entre el miedo y la desolación, gente sin voz, sin rostro, arrasadas por un ambiente hostil y negadas por la ceguera terrible en la que tú y yo, querido lector, vivimos gran parte de nuestra vida.

Esta valiente mujer decidió enfrentarse a la oscuridad, ir más allá. Su lucha es valiosa porque en ella se descubre un ímpetu tan arduo como necesario: la recuperación del individuo. Las personas en las que esta lucha centra sus esfuerzos son aquellas que sufren día a día el peso de un destino insoportable. Su organización busca recuperar a hombres y mujeres presas del miedo, sin más aliado que la esperanza; a personas que paladean todos los días el sabor del terror y la injusticia, y que han perdido el valor más sagrado del hombre: la posibilidad de poder decir sí o no, de decidir sobre su propio ser, de pronunciar con todas sus letras la palabra libertad.

Lowry y Buñuel se afectaron con las fuerzas vivas que habitan en nuestro país, lo vivieron; uno desde la inconsciencia, desde las confusiones y la niebla, alcanzó a entrever lo complejo del alma de nuestro universo particular. El otro lo entendió desde la claridad, con una mirada despierta reveló, gracias al cine, los dilemas a los que se enfrenta no solo nuestra gente, sino también  ese ser contradictorio y misterioso llamado hombre. Ambos artistas vislumbraron esos poderosos espectros que delinean el rostro de nuestro país. Desde entonces México se ha vuelto más convulso, los susurros de angustia que detectaron los grandes artistas en los 50´s se transformaron en un grito incontenible.

Este es el México que nos tocó vivir, es el país que hemos creado; un México agrio, envuelto en sombras, confuso y árido, harto de sangre. Un lugar donde el individuo es arrasado por la inocencia de las autoridades, por la crueldad de las bandas criminales, por la ineficiencia  de los sistemas sociales, por lo irreflexivo de la tradición, por la falta de un proyecto social inteligente e incluyente, por la ceguera y la apatía de la sociedad civil. La lista podría continuar hasta el cansancio. México se ha vuelto el sitio de la tragedia del hombre. La labor de recuperarnos es ante todo un reto, Rosi Orozco y su organización lo han aceptado. Después de hablar con ella durante unos instantes y seguir sus esfuerzos, una intuición se filtra en mi interior como una luz silenciosa que me permite ver a mi propio país como un sueño por vivir y no solo como una pesadilla: recuperar al hombre, rescatarlo de entre las sombras, poner al alcance de su mano la palabra libertad es recuperar el  porvenir, nuestro porvenir.

*Si usted desea saber más sobre Rosi Orozco y su organización no dude en visitar este link:

Twtter:  @rosiorozco

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