SAMUEL RODRIGUEZ

"Cuentan que Ulises, harto de prodigios, lloró de amor al divisar su Itaca verde y humilde. El arte es esa Itaca de verde eternidad, no de prodigios. " Borges.

En busca de Mario Benedetti II.

La tarde caía sobre la ciudad como una cortina de lamentos que hacían eco en la profundidad del último cielo del año. La canción “Aprendizaje” de Sui Generis, subía desde un punto indeterminado de la calle: “viento del sur, quiero saber donde debo ir”. Frente a mí estaba el mítico “Café Brasilero”, que según el pescador y su alma, era el sito donde Mario Benedetti iba a beber con su sombra. Por un momento me quedé aspirando  los  suspiros del atardecer; entré al café buscando un fantasma, buscando a un poeta agonizante con la esperanza simple, pura y vana de darle un abrazo para que me dijera que la poesía aún vale la pena.

El “Café Brasilero”  se parece mucho a la cola de un piano,  el concierto imposible de la ciudad resuena dentro, un murmullo casi imperceptible sube desde las mesas, desde las huellas imborrables del piso, incendia los oídos con un fuego inmarcesible que sin embargo nunca acaba por disolvernos del todo.  Un par de chicas altas y esbeltas regían la barra como dos catedrales Neoclásicas que se elevaban bellamente sobre la nostalgia del paisaje.

Esperé en la barra imaginando mi encuentro con Mario; las chicas sonreían a los comensales, se sentaban junto a mi, discutían entre ellas, se reían del mundo, regeneraban la atmósfera del viejo café con sus sonrisas interminables y pasajeras. La noche avanzaba con lentitud etérea. Los parroquianos entraban al café sosegadamente, como si quisieran esconderse del mundo . Yo esperaba en la esperanza y en la espera, de un momento a otro la llegada de Mario reventaría en las olas del Río de la Plata.

Y, ¿Mario a qué hora toma el café? Le pregunte a una de las chicas, ¿Mario? ¿Qué Mario? Respondió ella. Mario Benedetti, me dijeron que acá venia a tomar el café. El que viene acá es Galeano, a Mario no lo vimos nunca.

La frase me dejó congelado, un abismo de incertidumbre se abrió bajo mis pies. El pescador me había engañado, el café era frecuentado por Eduardo Galeano, un respetable escritor uruguayo, que a mi no me había interesado nunca. Y así derrotado, con las bolas rotas, salí del café a relamer mi tristeza.

Me hundí en alcohol por las calles, la marea de la noche me ahogaba en su deriva interminable. Bebí con rabia, desordenadamente; bebí con extraños, entregué mi dinero a desconocidos con los que brindé  a la salud del poeta ausente, brindé por la muerte de la poesía, por el fuego que arde en la piel de los dioses muertos. Las calles se convirtieron en un gran río turbio de agua infame. Me recuerdo vagamente bebiendo en una banca del casco viejo, tomando alcohol barato con una grupo de chinos que reían estrepitosamente;  recuerdo que los reté a beber, eran como la gran estatua de una deidad oriental con mil ojos  y mil manos que se movían en el caos milenario, todos bebían y reían amontonados en la banca, era yo contra ellos, su fuerza contra la mía, su voluntad contra mi locura.  Esas risas intoxicaban la paz del fin del mundo, reían como enfermos que gozan su propia enfermedad, recuerdo que los insultaba, le rociaba cerveza en los pies, sus risas infames no paraban, me alejé de ellos mientras los injuriaba con todas mis fuerzas. Aquellos miles de ojos hambrientos aún pueblan mis pesadillas.

Recuerdo que entré a un bar, conversé largamente con una chica de ojos esquivos, me había visto horas antes hablando con el  artesano drogado; me dijo que Mario Benedetti moriría muy pronto, que mi búsqueda era inútil, que no debía perturbar la paz del moribundo, me dijo que la poesía sólo sirve a las almas sencillas, a los que no tienen ambiciones verdaderas;  me pidió que la acompañara a Punta del Este, ahí encontraríamos a sus amigos en una casa grande y fresca, y beberíamos hasta saciarnos. Me besó en la penumbra, yo la besé con rabia, nuestras manos se perdieron en las cuevas de nuestras noches. La gente nos retrataba mientras bailaban estúpidamente a nuestro derredor. Era el baile de la muerte de Mario, la danza de la muerte de la poesía; me sentí indigno, enfermo, miserable y pobre.  Bésame, perra, le decía, lo repetía como un mantra, como si el lenguaje en mí hubiera muerto y sólo me quedaran en la lengua esas dos palabras miserables: bésame, perra, bésame. La chica reía presa del alcohol, el bar era un ataúd abierto, la voz ebria de la gente se confundía con el aullido de los cerdos en la pocilga.

En algún punto de la ciudad, Mario Benedetti agonizaba en una cama que se hundía en las carnes de la muerte.

Desperté con la aurora, tirado en una banca cercana a la peatonal Sarandí. Ante mis ojos se abría mi último día en Montevideo. Las huellas de la noche me dolían en todo el cuerpo, una mujer entrada en años pasó a mi lado, llevaba dos cafés en la mano, uno fue para mi.

 

El oleaje del día me encontraría revestido  de nuevas   esperanzas.

 

Continuará…

 

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En busca de Mario Benedetti I.

El 2008 llegaba a su fin, yo me encontraba en Montevideo Uruguay, caminando por Las Ramblas, perdido en el borde del fin del mundo. En dos días debía regresar a Buenos Aires a terminar un curso de arte y filosofía que había emprendido meses atrás. No tenía demasiado tiempo para buscar a Mario Benedetti, su vida terminaba y a mi el buquebus me esperaba implacable en el Río de La Plata.

Dos cosas me habían llevado a Montevideo: el libro ” La Tregua” y una bella cantante de ópera que había conocido meses atrás en Buenos Aires. Ambos partiríamos de regreso a nuestros países  al terminar nuestros respectivos cursos y decidimos viajar a Uruguay en busca de un época de oro para la memoria.

“La Tregua” es una novela de flores muertas; es una novela que produce en el espíritu una dulce asfixia. Así es Montevideo también, una dulce asfixia imposible.  Durante mi estancia en la ciudad “La Tregua” se convirtió en mi guía, en mi Virgilio de tinta que me enamoraba y me hería a cada instante. Buscaba las huellas de Laura Avellaneda y de Martín Santomé, buscaba a ese hombre que se fundía en ambos personajes. Buscaba el rostro de Mario Benedetti.

Recorrí Montevideo, me enredé en sus calles que se mueren lentamente en el fin de la tierra; aquí la luz del sol no es como en otros sitios,  aquí la luz del sol se desliza por las calles, las atrapa en un calor dulce que sube por el cuerpo de quien las transita,aquí la luz del sol es una miel densa, inagotable, primigenia. Es tan lenta la luz del sol en Montevideo.

Un pescador hilaba esperanzas en el río. Me acerqué a él; una noche antes la cantante me había dado un concierto íntimo con alguna aria de la Edad Media justo ahí, en el hueco de una roca de este río salobre  que siempre desemboca en el desconsuelo.   Hoy estaba yo solo con mi búsqueda imposible. ¿Conoce a Mario Benedetti? le pregunté al pescador a quemarropa, así ridículamente,  como acontece todo por acá en un absurdo total que sin embargo esta permitido por la cercanía manifiesta del fin de mundo. El pescador me miraba confundido, y,  ¿éste pelotudo?  la frase  parecia brotar como un géiser desde el fondo de sus ojos. ¿Qué si conoce a Mario Benedetti? El pescador seguía confundido, luego de un par de segundos me dijo, que si, que Mario a menudo pasaba a un café ahí por la calle de Ituzangó.  No podía creer en mi suerte, había recorrido toda la ciudad, me había  subido la fiebre, me había perdido por unas calles ruinosas, había enfrentado a un par de chantas que seguían a unas alemanas desquiciadas; en una plaza conversé con artesano ciego y drogado que me dijo que Benedetti era una invención literaria, que en realidad no existía; y ahora el pescador me revelaba que Mario Benedetti iba a tomar café  a un lado de mi hostal. Regresé a mi cuarto con la esperanza reluciente. Caminé las calles del centro nuevamente; algo hiere mi memoria cada vez que recuerdo esas caminatas, ahi, perdido en una ciudad taciturna, buscando a un poeta moribundo, el mundo parecia tan cargado de bellezas que aún hoy me es imposible soportarlo.

 

Continuará…2B2.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fragmento encontrado en un libro ebrio.

Esta noche  las olas del mar  no han llegado aún hasta mi cama, basta que tu voz las convoque para que aparezca el mar, para que aparezca  el sabor del mar en tus labios.

Basta que digas noche para que el  mediodía se oscurezca como el vino, basta que digas amanecer para que la noche tiemble y se levante, basta que digas amor para el mundo sea una pequeño paraíso perdido en medio  de  la noche.

Hoy cierro los ojos para verte, el invierno se acerca y entra por la ventana, cierro los ojos para verte, el invierno se acerca, pero en tu voz, el mar siempre esta a punto de llegar.

Bisonte.

El gran Nezahualcóyotl escribió que por encima del canto del ave y de su amor por la naturaleza, amaba más a su hermano el hombre. Tremendos versos que están en los billetes de 100 pesos, con eso ya debería valer mas que cualquier mendigo dólar.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con el poeta. La razón es la siguiente: hace días visité una granja Texana, inmensa y muy bien puesta. Tenia todos los animales del arca de Noé, según ellos, claro.

Entre los animales habitaba una mini manada de Búfalos , estaban ahí, milenarios, potentes, con una mirada honda como la noche del fin del mundo.

Borges ( Borgues, diría el animal de Fox) lo define así: Montañoso, abrumado, indescifrable,
rojo como la brasa que se apaga..

Estuve observándolos todo el tiempo que pude. En esos minutos, que para mi fueron siglos, me di cuenta que la belleza inmemorial de su especie supera por mucho a la miseria de civilización que hemos formado entre todos y que esta a punto de estallar como una mierda.

Si el búfalo sobrevive a la maldad de nuestra era, entonces me gusta pensar que no todo está perdido.

Como dice Borges: el tiempo no lo toca, ni la historia.
Que así sea.

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Moana.

Moana es una película animada de Disney que fue lanzada al mercado el año pasado, esta ambientada en el Pacifico Sur. Técnicamente es impecable. De hecho, quien quiera revisar a profundidad el argumento del descenso a los infiernos, esta es una cinta que lo acomete con muchísima seriedad. La animación esta en camino de consolidarse y lo que logran los animadores de esta cinta es muy emocionante.

Sin embargo, el diseño de los personajes y la esencia de la historia es sumamente perversa. No olvidemos que Disney es una compañía abiertamente conservadora que ha contribuido a solidificar el poder de las elites gobernantes.

Si bien, podría parecer que la cita es progresista ( la protagonista esta a punto de llamar ” son of a bitch” otro personaje lo cual es tremendo para Disney) hay mensajes muy pertubadores que fundamentan toda la película.

Si bien Moana es quien toma el control de las acciones y esta siendo educada para gobernar, lo cual es destacable, en esencia no habrá cambios significativos.

Me refiero a lo siguente: en Disney comúnmente los gobernantes son elegidos por los dioses, lo cual genera un orden imperturbable, un orden que el resto de la sociedad debe respetar de lo contrario el peligro de caer en el caos y la devastación es inminente. Si bien Moana ahora tomará el control, esto no significa que exista una subversión, mas bien solo será un re acomodo de las esferas de poder. Los recolectores de coco serán para siempre lo mismo y los pescadores también, no hay posibilidad de asenso social a menos que seas de las elites. Véase “La espada en la piedra” y “El rey león”.

Esto pasa en la realidad, cuando ganó Enrique Peña Nieto en México o el presidente de EUA, escuché muchas veces cosas absurdas como que Dios los había puesto ahí y que era su voluntad, por lo tanto había que respetarlos. Estos mensajes viajan obviamente a través de Disney y de otros canales.

Otra cosa espeluznante son los personajes de los Kakamoras o algo así. Cuando Moana decide emprender el viaje y salvar a su cultura, en el mar se encuentra con estos seres que parecen cocos, son de tez mas oscura, no hablan el idioma, viajan en embarcaciones de dudosa procedencia y pueden acaban con toda la misión, desean robar el tesoro que lleva la chica.

Esto me parece estremecedor, sobre todo por el tremendo problema de la migración y la persepcion de esta. Es increíble que pinten estos seres así, como enemigos de la cultura que dará vida a toda la tierra. Al no hablar el idioma, ser de tez mas oscura, y al ser nocivos para la misión que esta en juego, decididamente marcan una linea perversa en cuanto al trato a los que no pertenencen a nuestra cultura. Aterrador.

Disney esta a la vanguardia en cuestiones técnicas, en cuestiones sociales es la pornografia social mas oscura y nuestros hijos la consumen.

Si esto es la industria, necesita mentes dóciles y sumisas para funcionar.r_moana_header_poststreet_mobile_bd574a31.jpeg

Sabines.

Hace unos dias me encontré un libro de Sabines: ” Tarumba”, una de sus creaciones más intimas y misteriosas. Tarumba es esta voz compleja, omnipresente, oceánica.

En su poemario, Sabines nos revela lo abismal de su interior, mismo que revela una incomodidad, una melancolía criminal que no puede aceptar el exterior sino como un páramo de ebriedad poética.

Tarumba no es una descripción del mundo, es una expresión del mismo.Sabines intenta que la poesía, no Su poesía, sino La poesía, realize una invasión a la realidad; entonces la poesia se convierte en una fuerza de choque, una marea imposible que vendrá a liberar la realidad interior hasta transformarla en percepción y guía.

Sabines es mucho mas que sus poemas de amor, su voz se levanta como una duda y nos reta a ver el mundo con los ojos de la noche; a ver al mundo ebrios o con fiebre eterna, enfentandoos al abismo, deambulando por nuestras oscuridades naturalmente, como exploradores de lo trágico.

“En este pueblo, Tarumba,
miro a todas las gentes todos los días.
Somos una familia de grillos.
Me canso.
Todo lo sé, lo adivino, lo siento.
Conozco los matrimonios, los adulterios,
las muertes.
Sé cuándo el poeta grillo quiere cantar,
cuándo bajan los zopilotes al mercado,
cuándo me voy a morir yo.
Sé quiénes, a qué horas, cómo lo hacen,
curarse en las cantinas,
besarse en los cines,
menstruar,
llorar, dormir, lavarse las manos.
Lo único que no sé es cuándo nos iremos,
Tarumba, por un subterráneo,
al mar.”

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Casablanca.

El bar de la película “Casablanca”, era un sito a donde acudía el mundo. Ahí llegaba la resistencia francesa, los nazis, oportunistas, héroes, heroínas, músicos , vendedores, refugiados, vagabundos, principes, de todas las razas, de todos los credos. Era una metáfora de como se veían los gringos a si mismos durante la época de la guerra.

Un sito de encuentros, en donde la gente del mundo tenía cabida. El protagonista, Rick, era un idealista que iba de oportunista, había peleado contra Franco en España y en la resistencia; por mas que intentara ocultarlo, le interesaban sus semejantes, y, al final, en un giro moralista, tan típico de los films de la época, se sacrifica por la libertad.

Hoy el mundo esta patas parriba, hoy los dirigentes de los países son oportunistas que van de idealistas; al bar de Rick se le puso una cadena y sólo pueden entrar los privilegiados, los dueños del mundo. Así, al darle la espalda a la gente, se le da la espalda a una tradición de lucha y empatía.

Casablanca supera a nuestros tiempos; aquí les dejo algo que escribí hace un par de años, espero que les resulte interesante.

 

http://www.filmemagazine.mx/kardex/show_public.php?noticias_id=1534

 

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