SAMUEL RODRIGUEZ

"Cuentan que Ulises, harto de prodigios, lloró de amor al divisar su Itaca verde y humilde. El arte es esa Itaca de verde eternidad, no de prodigios. " Borges.

Sabines.

Hace unos dias me encontré un libro de Sabines: ” Tarumba”, una de sus creaciones más intimas y misteriosas. Tarumba es esta voz compleja, omnipresente, oceánica.

En su poemario, Sabines nos revela lo abismal de su interior, mismo que revela una incomodidad, una melancolía criminal que no puede aceptar el exterior sino como un páramo de ebriedad poética.

Tarumba no es una descripción del mundo, es una expresión del mismo.Sabines intenta que la poesía, no Su poesía, sino La poesía, realize una invasión a la realidad; entonces la poesia se convierte en una fuerza de choque, una marea imposible que vendrá a liberar la realidad interior hasta transformarla en percepción y guía.

Sabines es mucho mas que sus poemas de amor, su voz se levanta como una duda y nos reta a ver el mundo con los ojos de la noche; a ver al mundo ebrios o con fiebre eterna, enfentandoos al abismo, deambulando por nuestras oscuridades naturalmente, como exploradores de lo trágico.

“En este pueblo, Tarumba,
miro a todas las gentes todos los días.
Somos una familia de grillos.
Me canso.
Todo lo sé, lo adivino, lo siento.
Conozco los matrimonios, los adulterios,
las muertes.
Sé cuándo el poeta grillo quiere cantar,
cuándo bajan los zopilotes al mercado,
cuándo me voy a morir yo.
Sé quiénes, a qué horas, cómo lo hacen,
curarse en las cantinas,
besarse en los cines,
menstruar,
llorar, dormir, lavarse las manos.
Lo único que no sé es cuándo nos iremos,
Tarumba, por un subterráneo,
al mar.”

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Casablanca.

El bar de la película “Casablanca”, era un sito a donde acudía el mundo. Ahí llegaba la resistencia francesa, los nazis, oportunistas, héroes, heroínas, músicos , vendedores, refugiados, vagabundos, principes, de todas las razas, de todos los credos. Era una metáfora de como se veían los gringos a si mismos durante la época de la guerra.

Un sito de encuentros, en donde la gente del mundo tenía cabida. El protagonista, Rick, era un idealista que iba de oportunista, había peleado contra Franco en España y en la resistencia; por mas que intentara ocultarlo, le interesaban sus semejantes, y, al final, en un giro moralista, tan típico de los films de la época, se sacrifica por la libertad.

Hoy el mundo esta patas parriba, hoy los dirigentes de los países son oportunistas que van de idealistas; al bar de Rick se le puso una cadena y sólo pueden entrar los privilegiados, los dueños del mundo. Así, al darle la espalda a la gente, se le da la espalda a una tradición de lucha y empatía.

Casablanca supera a nuestros tiempos; aquí les dejo algo que escribí hace un par de años, espero que les resulte interesante.

 

http://www.filmemagazine.mx/kardex/show_public.php?noticias_id=1534

 

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El Juicio Final.

El “Juicio Final” (1473) es una de las obras con mayor carácter que he visto. Su autor, Hans Memling, es tremendamente poderoso al momento de enlazar la imaginación con el rigor.

En este cuando asistimos a una escena cristiana, como buen seguidor de los Flamencos, su pintura abre un intersticio entre el misticismo y lo material, entre lo inalcanzable y lo humano demasiado humano. Los Flamencos supieron enlazar muy finamente la carnalidad más densa y la ligereza impoluta de la divinidad.

Memling trae a presencia uno de los momentos más alto del cristianismo y por lo tanto uno de los momentos estrella de toda una civilización en ese momento. Esta obra ofrece una panorámica que detona en la mirada del espectador para abrir en él las visiones del futuro. El artista es entonces, como menciona Paz en In/mediaciones, un talismán que nos lleva de una realidad a otra.

El cuadro es pura fluidez, no hay un momento de reposo, todo es movimiento, el ritmo no devasta al espectador, sino que lo suma a la escena que se le presenta. La lucha a la que asistimos es el centro de las meditaciónes de Los Flamencos: la lucha milenaria entre del bien y el mal. Recodaremos que son moralistas.

En comparación con El Bosco, Memling no eleva el imaginario visual a niveles alucinantes, Breton decía del Bosco que había despertado el inconsciente para el arte. Mambling mas bien solidifica la tradición pictórica a la que rinde tributo y la coloca a nivel prístinos y ejemplares en un sentido formalista. No es un renovador, es un continuador.

La escena es luminosa, nada debe quedar en entredicho, el pintor desea que la claridad nos acompañe. El tema de la luz es importante, la luz perene que surge de un lugar indeterminado alumbra no solo el panorama dado, sino el universo mismo; es decir que la luz ilumina la armonía que mana de Dios, da seguridad y fundamenta el universo, nos hace saber que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Un poco mas adelante, el Barroco se concentraría en el lado tenebroso de la vida con sus claroscuros ( Jan Luc Nancy escibre un ensayo fabuloso sobre El Barroco en su libro “ Las Musas”). La luz del Flamenco genera devoción, surge de la bonanza; la del Barroco genera militancia y movilización, surge de la crisis. El Flamenco nos pide contemplación y reflexión, el Barroco, inquietud y acción.

En el cuadro, un Cristo resucitado rige el contexto, a su izquierda está el padecimiento eterno, a su derecha, el paraíso. Una espada y un lirio hablan de dos de sus grandes atributos, el poder y la poesía. Es Él quien regirá con puño de hierro a las naciones, pero también el lirio de los valles, el poseedor de la palabra poética que hace visible lo invisible. Ha regresado de la muerte para juzgar a los hombres, para separar el bien del mal; el Arcángel Miguel con su balanza es quien se encarga de la legalidad del juicio. Su figura no es casual, es el abogado y el fiscal del reino de Dios, recto y poderoso, triunfante e impasible; a sus espaldas, en una de las escenas mas alucinantes de la obra, los ejércitos del cielo luchan por arrancar de los demonios a las almas de los muertos resucitados, para que gocen del paraíso o para que sean enviadas a la condenación eterna. Los ángeles muestran una visión de la belleza prístina; el eje arte- verdad- belleza estaría en un punto muy alto de su existencia. En contraposición, los demonios son deformes, atroces, y terribles. En un rasgo finísimo, muchos de ellos poseen alguna reminiscencia de su pasado divino, algunos llevan alas de mariposa en la espalda o colas de pavorreal, aludiendo así a su pasado celestial.

A los costados, el mensaje moralista se refuerza hasta ser capaz de apuntalar no solo una propuesta estética, sino de enarbolar a toda una civilización. Las visión del infierno como una catástrofe ecológica aún tiene validez en nuestros días. Siempre me impresionó la visión flamenca de imaginar la gran caída como una gran destrucción de la naturaleza, de tal manera que nos llega la intuición a través de los siglos que nuestras acciones pueden devenir en una gran destrucción que sería irreversible.

Las almas penan en el inframundo, es crueldad pura, la lejanía de todo principio de compasión es lo que prima en el ambiente, las montañas yermas y el aire nauseabundo y oscuro generan una asfixia insoportable.

En el lado contrario, la visón de la gloria es iluminada por una luz eterna, las almas son recibidas por San Pedro, e inmediatamente son revestidas de gloria, olvidando la desnudez que recuerda al pecado original. Todo es armonía y bienestar. Los escalones son de de materiales transparentes, algo que se toma del Apocalipsis y que el Bosco lanzaría a un nuevo nivel de éxtasis.

“El Juicio Final” plantea en lo profundo una visión de la vida como combate. De nosotros depende mantener un equilibrio, en este caso los soportes de la existencia son la mística y la fe; de cualquier modo, hoy, en un mundo con una fe muerta y una mística ingenua demasiado ingenua para los tiempos que corren, “El Juicio Final” no pierde su vigencia al des ocultar la eterna alerta que significa aprender a ver nuestras propias luchas.

 

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Autor Hans Memling, 14661473
Técnica Óleo sobre tabla
Estilo Gótico
Tamaño 242 cm × 180,8 cm
Localización Museo Nacional de Gdánsk, Gdánsk, Flag of Poland.svg Polonia

Juan Rulfo vive.

“No oyes ladrar los perros”, “Luvina”, “Anacleto Morones” y “Macario”, siempre me helaron la sangre. Me parecia estar leyendo los versos que se le escapaban a esta tierra enferma.

Juan Rulfo no es un escritor más, es el único que supo escuchar la tierra; la tierra con su muerte, con sus minerales, con su vitalidad y su miseria ciega.

Leerlo es entrar a un despoblado del que sólo se puede salir huyendo.

 

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Olvido.

 

Olvido.

No nací, soy un grito del mundo.

Algo suena a mis espaldas, un mar oscuro, una agitación, un rumor. Soy el hombre sin pasado, el hombre breve. Mis ojos no logran penetrar el día. La noche es un cántaro roto.

Para salir de la noche debo  olvidar el nombre de los árboles, debo olvidar  todas las palabras que he aprendido,  despedazar a las mujeres que he amado, correr hacia donde no exista el horizonte.

Soy el caminante sin memoria.

Frank Capra, el iluminado.

Si bien, el arte no nos salva del mal, si provoca en nosotros un esclarecimiento, una necesidad de movilidad y de enfrentamiento. En este sentido, escribí este artículo sobre el cine de Frank Capra. Ojalá  les resulte sugerente.

El articulo lo publica la revista FILME  de La CDMX.

Infinito.

 

El amanecer es siempre una herida, un disparo incontestable. El amanecer cala en la mirada, es una garganta feroz que nos devora  súbitamente.

El atardecer, sin embargo, es el eco de Dios que canta  en ráfagas de luz a medias.

El atardecer despierta la mirada y los ojos ven la desnudez del mundo.

El atardecer arranca a las sombras, las echa a andar, las libera de la cárcel atroz  de nuestros cuerpos.

El atardecer abre un nuevo evangelio de verdades, destroza la primer percepción, nos sumerge en la  noche para poseerla , para cerrarnos con ella hasta desaparecer en un silencio indefinible.

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Foto por Hector Velarde.